En el lejano 1997-98 mas o menos, en el pueblito de Malcesine en el Lago di Garda,Italia, habia llegado el invierno con su monotonia y aburrimiento, sin chicas extranjeras, sin almas, sin perros... y estabamos emborrachandonos, como siempre, los mismos amigos (Luca Flo, Ennio, Allan, Beppe y Salva), ya era de noche cuando, cambiando de bar para ir a otro, mirando en las ventanas de vidrio del bar Feudo, reconoçimos el amigo Sandro Banterla, bronzeado y vuelto seguramente de alguna aventura, que estaba simulando algo agachandose sobre las rodillas y balanceandose, enloquecido hasta saltar y, en su hacer y contar, parecia uno de estos lobos de mar cuenta-historias...

Entonces, casi despertados de la monotonia, nos acercamos por escuchar mejor y saludarlo.
Cuentaba de una isla donde vivia, donde ahora mismo el sol quemaba aun si era inverno y que se podia hacer el baño en el mar, que las chicas eran guapisimas y que se bañaban desnudas. Nos contó que cada mañana se comía un sandwitch, cojia el skateboard y bajaba hasta la carretera con la tabla de surf bajo el brazo y, desde ahí, iba a surfear haciendo autostop con el dedo. Trabajaba de camerero por el dia y por la noche se iba de fiesta... a veces las fiestas las hacian en un volcan o a la playa con equipos de musica y se llamaban Rave y se bailaba descalzos toda la noche y quien se ligaba se iba en el desierto o en la playa...
Luego volvia a cuentar sobre el surf de olas y se ponía, agachado sobre las rodillas y simulaba una surfeada hasta tirarse al suelo dejando la cerveça en la mesa por este instante...
Contaba que cuando habia la luna llena se veía tan bien que se podía hasta surfear...
Encantados y embrujados por estos cuentos, decidimos pronto comprar un billete de avión para Fuerteventura y sostituír las botas con las chanclas y los jeans con las bermudas...